La inacabable crisis -una genuina historia interminable- sigue deparando sorpresas, y no precisamente agradables. Con la economía española aún en plena pista de despegue, sin levantar el vuelo con claridad, y la crisis fiscal de la periferia europea a flor de piel, el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, inició ayer una escalada verbal que se traducirá, muy probablemente, en una subida de los tipos de interés oficiales tan pronto como en abril. Es decir: hipotecas más caras para las familias y más pagos por intereses para las empresas, la banca y los Estados. Eso son muy malas noticias tanto para la economía española, muy endeudada y con una recuperación cogida con alfileres, como para su sistema financiero, en plena reforma. Y en general para los países con más problemas de Europa.
Las algaradas en el norte de África han provocado una fuerte subida del petróleo y eso se traduce de inmediato en subidas generales de precios en todo el mundo: así de importante es la cotización del crudo. Y nada, nada preocupa más al BCE que la inflación. Trichet, en la recta final de su presidencia, usó en Francfort un desacostumbrado tono explícito para preparar el terreno a un encarecimiento del precio del dinero -en su mínimo histórico, el 1%, desde hace ya 22 meses- y anestesiar las tensiones inflacionistas. En la rueda de prensa habló de "fuerte vigilancia" y "riesgos al alza" sobre los precios. Para el banquero central de Europa eso son palabras mayores: esas dos expresiones siempre han sido sinónimo de una rápida subida de tipos.
Por si quedaban dudas, Trichet las remató en el turno de preguntas. "La posición del Consejo de Gobierno es que es posible una subida de tipos en la próxima reunión", dijo, y dio a entender que hasta el umbral del 1,25%. El presidente del BCE no puede ser más explícito: nunca puede anticipar lo que va a decidir el consejo de gobierno en su próxima cita. Sin embargo, esa claridad es inusual en el habitual lenguaje oscuro, prudente, casi aburrido de los banqueros centrales. Aún trató de dejar otra pista al descartar que sea la primera de una serie de subidas. Sin embargo, en diciembre de 2005 dio a los mercados la misma señal y el BCE -el más ortodoxo de los grandes bancos centrales del mundo- dio comienzo a un periodo de endurecimiento de la política monetaria. Es decir, a una serie de subidas.